A tiempo

Cuando los motores del Boeing 737 de Ryanair se encendieron a las 08:45h de aquel sábado de noviembre, Lucía supo que aquello no tenía vuelta atrás. Adiós pasado, hola futuro, cuando tienes suficiente del hoy corres a la desesperada hacia el mañana, y lo que ella quería para su futuro, era poder convertirse en la dueña de su presente. La gente le decía que un avión nunca es solución, que era abandonar el barco cuando las cosas se ponen difíciles, que hay que esperar, que todo llega… vamos, lo que suele decir la gente que se queda. No, Lucía nunca necesitó quedarse, pero jamás habría querido irse.

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Había elegido asiento de ventanilla, para ver lo que dejaba, para asomarse a lo que venía. Quería recordarlo todo, no se iba a conformar con una vida mediocre, si acababa con una de esas no sería porque no había buscado una salida. Miró a su derecha, intentando atisbar una cara, un rostro conocido, nada. Cerró los ojos un momento y recordó que no había apagado el teléfono, metió la mano para buscarlo… monedero, pintalabios, pasaporte… ahí estaba… lo sacó justo en el momento en que vibraba, el último mensaje, de Miguel… “Aún estás a tiempo”.

La vida está cargada de ironías. No, definitivamente ya no estaba a tiempo, Lucía estaba en ese avión porque se le había acabado el tiempo, porque 30 años habían sido suficientes, porque se le estaban acabando las escusas para esperar, esperar un contrato digno, una casa en condiciones, hasta un Miguel en condiciones, uno que no se conformase con perderla y se subiese al avión con ella, cansada de esperar una vida mejor… ¿esperar?… llevaba toda una vida esperando. Ya no esperaba mas, ya no había “más tiempo”.

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Tenía miedo, no del avión, sino del hecho de que cuando éste aterrizase tendría que empezar de cero, salir de la zona de confort, en un lugar desconocido y con gente distinta, empezar a vivir una vida que hasta ahora solo había esperado, una que ya no esperaría más. Dejó que el pánico se apoderase de ella, un minuto, solo uno, y después guardó el teléfono, sonrió a la azafata y le pidió una Coca-Cola. Alguien le dijo una vez que hasta una patada te impulsa hacia delante y ella no pensaba tan siquiera volverse a mirar atrás. El avión había despegado y ella ni cuenta se había dado, la vida es más fácil cuando no nos la ponemos difícil.

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