Un golpe de suerte

Recibí una llamada de teléfono hace una semana que va a cambiar mi vida, yo, la que vive en búsqueda perpetua de un trabajo de verdad, de uno donde se valoren mis capacidades y donde no me roben, hoy puedo decir que… me cambio de trabajo a uno mucho mejor, y la sorpresa me ha dejado helada, como si ni yo misma estuviese preparada para semejante notición, aunque no era otra más que yo la que echaba curriculums a diario y comentaba con los amigos eso de que la cosa está fatal, que no se mueve nada. Después del proceso de selección más largo y tedioso de la historia de los procesos de selección, esta semana comuniqué con una inmensa sonrisa a mis explotadores habituales que no contaban conmigo, y vi el pánico en sus caras.

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Fue un momento genial, un ejercicio de libertad personal, llevaban tanto tiempo diciendo eso de si no os gusta lo que hay… que al final les he dicho que no me gusta lo que hay y les he pillado desprevenidos, resulta que mi empresa estaba casi tan confiada en esta crisis como yo. La mala situación económica, los continuos fraudes e ilegalidades que cometen los cargos públicos y la sensación de que contra el poder no se puede luchar nos está quitando a los trabajadores la esperanza de algo mejor. Pues sorpresa, mi empresa no tardó ni 48 horas en ofrecerle una subida salarial a la que me continuaba en antiguedad ¿que os parece? ¿espontáneo verdad? En muchos casos no es que no haya dinero, es que no lo quieren pagar porque siempre habrá alguien que acepte esos sueldos miserables. Muchas empresas están manteniendo sus beneficios y paseando por la crisis a costa del empobrecimiento progresivo de sus trabajadores.

A veces se achaca a nuestra generación que mientras nosotros aceptemos ciertas condiciones no cambiará la situación, y nosotros nos vemos obligados a aceptarlas porque hay una palabra que nos aterroriza más que cualquier miseria que tengamos que sufrir… “EL PARO”, sí señores, ese que te deja en casa, meses, incluso años, que destruye curriculums y mata esperanzas, ese, me da mas miedo que tener carrera, máster y posgrado y no llegar a ser mileurista, ese me da pánico.

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Lo único que considero que se puede echar en cara a la gente como yo es la desilusión y el conformismo, buscamos excusas para nuestra inacción y tenemos el discurso muy bien preparado “la cosa está muy mal, hay mucho paro, las cosas no cambian, el poder es corrupto y el gobierno cuida a las empresas pero no a los trabajadores, además, todo está igual en otros sectores, que si soy mujer y los 35 son una edad difícil, ¿quién me va a contratar a mí a esta edad? no hay más que escuchar las desafortunadas declaraciones de la presidenta de la asociación de empresarios, eso piensan pero es políticamente incorrecto decirlo… ¿para qué buscar entonces? al menos tengo un trabajo, ya buscaré algo cuando acabe la crisis, cuando pase la mala racha…” Estamos muy equivocados con estas actitudes y en mi opinión ayudan a perpetuar esta horrible situación. Después de sucesivos abandonos por parte de los trabajadores probablemente las empresas empiecen a echar en falta la estabilidad y inviertan en sus trabajadores.

Pero yo me escapo, he conseguido uno mejor, y si es tal cual me han contado, podría ser mi futuro, un sitio para quedarme… y, sin embargo, he tenido que pasar por una criba curricular, una entrevista telefónica, tres personales y dos pruebas para valorar mi nivel de inglés ¿pensáis que no soy consciente de que encontrar un trabajo medianamente bueno hoy en día es encontrar una aguja en un pajar? No soy tonta, soy afortunada hoy pero sigo siendo la misma de ayer… Si alguien que me lee está buscando que se aplique el cuento, nuestro mayor enemigo en la situación actual es el inmovilismo así que no te pares, no te conformes, mándales lejos.

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