Como el elefante en el cuento

Y un día, al despertar, cansada del descontento, dejó de pensar en quién tenía la culpa de ésto o aquello, en si la vida era justa o injusta, y aceptó que a veces las cosas no son como uno quiere, que a veces la vida no es como uno quiere, sino como es, y decidió dejar pasar el tiempo y lamer sus heridas, y al pasar los días, se contempló desde la distancia despojada de lo que ya no necesitaba, y descubrió que era libre, que lo había sido todo el tiempo, solo que no se había dado cuenta de que sus cadenas estaban sólo en su mente y que, como el elefante en el cuento, nunca huyó porque no supo que podía.

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Y sonrió porque tenía ante sí dos opciones, dos que nunca pensó tener, y se paró a pensar en ellas, porque el resto de su vida no era cuestión baladí.

Tal vez podría viajar lejos, había muchas cosas que le disgustaban del lugar que la vio nacer, la codicia de sus gentes, el gusto por lo aparente, el creerse más listo que los demás, la tendencia a juzgar lo que se desconoce… ¿sería algo propio de su cultura? ¿o era simplemente algo innato al ser humano?… a lo mejor era únicamente la sociedad donde vivía la que estaba viciada y corrupta… ¿que tal si en otras tierras esto no ocurría? ¿que tal si había un lugar mejor para ella?. Y ¿como lo averiguaría si no se iba de allí?.

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O, por otra parte, también podía quedarse, seguir con su vida sabiéndose libre y sin cadenas, para hacerla a su gusto, cuestionando las cosas que no le gustaban y pidiendo explicaciones a aquellos que responden a cualquier cosa con un “porque sí”, una vida sin verdades adquiridas, donde intentar cambiar las cosas, si ya no por ella, podría hacerlo entonces por los que venían después, para que ellos no tuviesen que descubrirse un día atados por cadenas invisibles.

Caminaba y caminaba dando vueltas en su cabeza a éstas y otras cuestiones… ¿qué hacer? ¿como cambiar las cosas? ¿mirar por el bien personal o por el bien común? cada vez las preguntas eran más difíciles de resolver, hasta que ya no tuvo más respuestas y se sintió perdida… en aquellos instantes, se sabía más libre de lo que lo sería nunca, aunque sus tribulaciones de antes le parecían dulces comparadas con las nuevas, descubrió que la libertad que tanto ansiaba llevaba consigo una pesada carga, la conciencia de saberse libre, y sólo entonces, deseó volver a ser inocente.

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