Sin prisa

No se despierta temprano, anoche desconectó ese aparato infernal que hace de sus mañanas un puro caos de prisas y relojes… se queda tumbada un rato, en la cama, pensando en si se levanta o no, negociando consigo misma, se dice que hay que aprovechar el día, que hay mil cosas que hacer, gentes que ver, que es sábado… y aún así… no se hace demasiado caso y se quedará un rato más remoloneando, buscando excusas para no tener que levantarse… el lunes llegará muy pronto.

El olor del café le trae los mejores recuerdos, se despierta mirando el mundo más bonito, hace sol y se está muy bien… se decide a desayunar en la terraza, a la fresca, se acerca el verano y los días ya alargan. Las tostadas están listas, un poquito de tomate rallado, aceite de oliva, un poco de sal… y listo. El desayuno siempre ha sido su momento preferido del día, tal vez por la posibilidad de pensar en lo que está por venir. Últimamente toma el café en la oficina, delante del ordenador, piensa que tiene que cambiar ese hábito estúpido y volver a recuperar sus pequeños momentos, necesita dedicarse más tiempo y hacer lo que le gusta… últimamente piensa que no está viviendo su vida.

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Observa desde el balcón a la gente que camina por la calle, hombres y mujeres anónimos, cada uno en una dirección, con un objetivo y, sin embargo, no corren, no parecen tener prisa… y a ella no deja de sorprenderle. Hay un señor charlando con el del quiosco de la esquina, parece que ha ido a comprar el periódico pero ella piensa que podrían ser amigos, llevan charlando ya un buen rato. El quiosquero parece un buen hombre… nunca se ha parado a conversar con él la verdad, ella nunca tiene tiempo para tener tiempo para esas cosas.

Ha quedado con Marta en un rato, por fin van a tomar esa caña que llevan casi dos meses planeando pero nunca llega porque, o una tiene un compromiso, o lo tiene la otra… siempre el trabajo. El trabajo les roba la vida pero, el caso es que necesitan contarse mil cosas, ponerse al día, porque últimamente su relación es estrictamente a través del whatsapp y… ¿como se puede conservar una amistad a través de whatsapp?… pues ella lo sabe bien… porque no hay tiempo, los horarios, los compromisos, las parejas… hace falta esforzarse más, echa de menos tener a Marta en su vida, ojalá hubiese más tiempo.

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Las preguntas se agolpan en su cabeza y le sorprenden en los momentos más inesperados… ¿en qué momento dejó de tener tiempo? ¿cuando decidió cumplir condena en la cárcel de su oficina? ¿cuanto tiempo de sentencia le quedará? ¿en serio será así para siempre? ¿de veras se ha condenado en vida? ¿que ha pasado con su vida? ¿donde se fue el tiempo?

Siempre quiso adoptar un perro, en el albergue de animales donde trabaja Pablo como voluntario tienen un montón que necesitan un hogar pero para que una persona pueda tener perro tiene que poder responsabilizarse de él y ella muchas veces no llega a casa hasta pasadas las diez, no puede cuidarlo y esa certeza no hace sino reafirmarla en la idea de que algo no está bien en su vida… ni hablamos de tener familia entonces. Hace mucho que no pasa por casa de sus padres, solían reunirse todos para comer los fines de semana, a su padre le sale riquísima la paella… ¿y sus amigos? ¿hace cuánto que no ve a sus amigos?…

Es ridículo, ella sabe cual es la solución a su problema… pero la incertidumbre, el no saber qué será de ella si se arriesga, si intenta cambiar, hay veces que puede más que ella… lo ha pensado, cada vez con más frecuencia, sabe que lo necesita… sabe que necesita volver a su vida, a tener vida… y en el fondo, sabe que entonces ya no le quedarán excusas para no vivirla… y eso sí que le aterroriza.

 

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