A buen entendedor…

Pasaban los días, despacio, uno tras otro, nada los hacía distintos… y a él le parecía bien. Del trabajo a casa… de casa al trabajo… la vida se pasaba así, inalterable, tranquila… le gustaba la tranquilidad, disfrutaba sus pequeños momentos, sus libros, su orden al fin y al cabo. Con ella las cosas nunca fueron tranquilas, con ella no había orden, todo era ruido, música, risas… ella nunca supo apreciar el silencio y aún así… él nunca quiso a nadie como adoró a aquella mujer… aunque nunca se lo dijo.

Nunca le dijo que lo primero que hizo durante años al despertarse fue mirar a su lado para ver si ella seguía allí… para asegurarse de que no la había soñado… no era posible que alguien como él, sin nada de particular, tuviese tanta suerte. Esas cosas no pasan, no a los hombres como él.

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No era como si no discutiesen, discutían, todo el tiempo, por las cosas mas tontas, menos importantes… que si ella apretaba el tubo de pasta de dientes desde arriba y la pasta se quedaba abajo para cuando llegaba él… que si él se dejaba la tapa del váter levantada y a punto estuvo ella más de una vez de colarse dentro… y sin embargo… nadie le miró nunca de la forma en que ella le miraba, nadie nunca le hizo sentir tan vulnerable ni tuvo jamás tanta necesidad de hacerle el amor a nadie… aún hoy era consciente de que sería capaz de hacer cualquier cosa por esa mujer… aunque nunca se lo dijo… ¿para qué? seguro ella lo sabía, hay cosas que no hace falta decir, hay cosas que se sobreentienden ¿verdad?

La memoria es engañosa y a veces hace que te olvides del porqué pasan las cosas, pero las cosas pasan siempre por un motivo, aunque éste ahora te pueda parecer una tontería si lo analizas… si le dedicas tiempo… ella debió de tener sus motivos para irse, tan de repente, después de tanto tiempo. A él le hubiese gustado preguntarlos porque la quería con locura y se sintió romper por dentro cuando ella anunció su partida… pero nunca lo hizo, ¿para qué? al fin y al cabo… ella ya había tomado su decisión y cuando alguien toma una decisión es porque tiene sus motivos… ¿no?

brouillard

Vagaba por la casa que fue de ambos como alma en pena, se dejaba pensar en ella de vez en cuando… la recordaba, preciosa, con esa risa que le alegró la vida un día y se decía a sí mismo que él nunca la mereció, que ella fue lo mejor que le pasó en la vida… aunque ella nunca lo supo, él no se lo contó… pero a buen entendedor…

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