Viejas amigas

Se fue un viernes noche hace hoy tres años y se llevó con ella una sonrisa capaz de iluminar una habitación y el sentido del humor más irónico del mundo. No quería irse, ni era su momento… tal vez por eso se me quedó esta sensación de injusticia, este enfado con la vida que a veces todavía no me deja respirar, o comer, o dormir.

Nunca fue madre de profesión y siempre pensé que era de lo mejor que tenía, su vida era suya y la vivió siempre por ella. No era perfecta, pero era capaz de partirme y partirse de risa con una frase y de arreglarlo todo con un beso, nunca necesité más.

Me llamaba mari, como si fuésemos viejas amigas, de esas que se cuentan secretos…

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