Cuando la vida puede contigo

A veces la vida nos da un golpe, uno muy fuerte… y nos deja sin respiración.

No hablo de quedarte en paro, ni de que tu último rollete de verano decida mudarse a Tombuctú a estudiar la reproducción de las almejas en entornos hostiles… hablo de un gran golpe, de uno que no esperas y que te vuelve del revés, de uno que convierte en nimiedades las cosas por las que te preocupabas antes.

Te deja parado, inmóvil, muy quieto… y el miedo más absoluto se apodera de ti. Ya no eres invencible como siempre creíste, no todo está bajo control…

Ante esta situación, cada uno reacciona de forma distinta.

A algunos el golpe les derriba, les destruye por dentro y les deja incapaces de levantarse, como si fuesen peso muerto. Otros, sin embargo, se empeñan en esquivarlo y huyen empeñándose en negar la realidad, pero el golpe persigue de cerca, soplándoles en la nuca y advirtiendo su presencia en cuanto aminoran el paso.

La realidad es que vivimos un tiempo prestado y venimos con fecha de caducidad. No duraremos para siempre y, si lo pensáramos fríamente, ni siquiera nos gustaría la idea. Lo único que podemos tener por seguro en estos momentos de incertidumbre, cuando nada consuela y el dolor desgarra es que volverá a amanecer y que con el nuevo día todo empezará a girar de nuevo. No siempre dolerá así de fuerte.

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